domingo, 22 de octubre de 2017

PAZ EN LA BARCA

 PAZ EN LA BARCA
Marcos 4: 35-41
Imagina el episodio… una pequeña barca en medio de una gran tempestad. Las olas y el viento azotando la barca en la que te encuentras mientras uno de los tripulantes duerme, a pierna suelta, y disfruta de un descanso en el momento en el que realmente te encuentras alterado y sin dejar de pensar: “¡Vamos a morir!”.  Así que decides acercarte y obligar a tu compañero a que comparta tu estrés y le dices: “Maestro, ¿no ves que perecemos?”.
Generalmente, soy ese personaje, y al igual que todos los seres humanos he tenido mis momentos en la barca. Una barca que no es más que el objeto que usamos para obtener un fin: obedecer una orden divina.
Estás un día en la orilla,  y el Señor te dice: “Pasemos al otro lado” (Marcos 4:35). Al obedecer obtienes como consecuencia una horrible tempestad en mitad del trayecto… así que no puedes evitar cuestionar la orden, a Jesucristo por dártela, o a ti por obedecerla y decides orar de esta forma tan simpática en la que nos dirigimos a Dios en tiempos de terror. Reñimos, diciéndole: “Maestro, ¿no ves que perecemos?”…
Volviendo a mi barca, tengo una imagen que se repite una y otra vez en mi mente. Está conformada por tres discípulos de Dios, mi madre, mi hermana y yo. Por supuesto, el Señor Jesús está durmiendo. Al ver la tormenta empiezo a correr por todos lados mientras grito: “Una tormenta, una tormenta, ¡UNA TORMENTAAAAAAA!”. 
Tal vez lo pensaste y tienes razón, estoy histérica. Por su parte, el resto de los tripulantes están bastante calmados. Mi hermana dice algo, como: “Confía en Dios”, y vuelve a leer su libro (esa mujer seguiría leyendo aun si el peor de los tsunamis se dirigiese hacia ella); y mi madre ríe mientras dice: “Tranquila, hija, si Dios dice que vamos al otro lado, es porque llegaremos al otro lado”. Pero sigo histérica, y ahora enojada por la falta de apoyo de mi familia en lo que pienso deben preocuparse también. Les confieso: odio que se mantengan calmadas mientras yo estoy histérica… Así que ahora más molesta grito: “Maestro, ¿no ves que perecemos?”… Por supuesto, conoces el resto de la historia… 
Si piensas que a estas alturas hice el ridículo de mí misma, yo también lo creo….
Porque, primeramente, si Dios dice que pasaremos al otro lado es porque Él ya estuvo allí y sabe que llegaremos… 
Segundo, en el camino de la obediencia siempre habrá tempestades y pruebas… 
Tercero, estoy en la barca con Aquél a quien los vientos obedecen…

Dios les bendiga…

martes, 17 de octubre de 2017

TU VIDA EN UN MINUTO

Tu Vida en un Minuto.


¿Alguna vez has visto esas películas futuristas que hablan acerca de cómo la decisión de un minuto influyó en el resto de la vida de los demás? … 
Algo como “Karen estaba caminando por la calle y se tocó la ceja delante de Alfredo, lo que provocó que la vida de éste cambiara, porque al mirarla mientras tocaba su ceja, no vio a Sofía que pudo ser el amor de su vida, bla, bla, bla”. 
No podemos evitar pensar que tal vez sea cierto, a pesar de lo ilógico que suena…
¿UN MINUTO PUEDE CAMBIAR EL RESTO DE MI VIDA?
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ja!!!!!!!!
Creo que la mía si cambió en un minuto en particular, no viendo a alguien tocarse una ceja, por supuesto, tampoco mientras escribía esta reflexión, sino en un minuto que transcurrió mucho antes de nacer, hace dos mil años para ser más específicos…
¿Sabes de qué hablo?
Hace dos mil años el Señor Jesucristo vivió para un minuto histórico … ese minuto…

Creo que la vida es el resultado de un compendio de decisiones que tomamos, pero nuestra vida eterna es el resultado de un compendio de decisiones que Jesús vivió hace dos mil años… Toda su vida y ministerio lo llevaban a ese minuto, incluso aun sabiendo que sería tan doloroso. El estado de su piel, desgarrada, probablemente infectada, sus manos clavadas, y su sangre (su vida) derramada en el suelo alrededor de la cruz. Él vino a la tierra para ese instante.
En ese último minuto, miró al cielo y dijo “CONSUMADO ES” y expiró… Esa fue su manera de decir: Se ha cumplido lo prometido o ya está hecho.
En un minuto cambió la historia de la humanidad para siempre, por ese minuto se dividió la historia de la humanidad en antes y después de Cristo…
En ese minuto se definió cómo viviríamos para siempre, si para glorificar a Dios o separados de Él.
Solo falta otro minuto… en el que tomamos la decisión de recibir el regalo que Jesús nos dio y dejarlo entrar en nuestro corazón para que limpie nuestros pecados.
El Primer minuto cambió a toda la humanidad; el segundo, cambiará su vida para siempre. 

domingo, 8 de octubre de 2017

EL ENCUENTRO


El Encuentro
Nunca me he enamorado. Solamente puedo describir lo que otros dicen, y cómo, desde el primer momento, se sabe que esa otra persona es aquella con la que quieres compartir por el resto de tu vida. También están esas otras personas, los que no lo supieron desde el principio; pero en un momento específico llegó a ellos como un golpe que les hizo entender: “ésta es mi media naranja”.
Sé de una persona que también experimentó este momento:
“…una luz de cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó y oyó la voz que decía:

-Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?...
-¿Quién eres, Señor?...
-Yo soy Jesús, a quien tu persigues… levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.
…Saulo se levantó del suelo, pero cuando abrió los ojos no podía ver, así que lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.” 
Esta es la historia de Saulo de Tarso o como lo conocemos todos, Pablo… y lo más impresionante de su historia, además de su encuentro con Dios, es que desde ese instante se convirtió en un miembro activo de la Obra del Señor enfocado en compartir aquello que de Él había recibido.
¡¡¡Estaba realmente enamorado del Señor!!!
Me gustaría pensar en su ceguera como un producto de su encuentro con Dios. Que es algo tan maravilloso que nuestro cuerpo no puede soportar, y éste es el amor de verdad. Toda la persona, cuerpo y espíritu queda afectado por la intensidad de ese amor tan hermoso.
Hoy no te hablo de nuestros enamoramientos y dramas terrenales con hombres y mujeres, de nuestras historias de amor y dolor. Hablo del privilegio de haber tenido ese encuentro…

“Ananías se fue y, cuando llegó a la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Al instante cayó de los ojos de Pablo algo como escamas y recobró la vista… pasó varios días con los discípulos que estaban en Damasco, y en seguida se dedicó a predicar en la sinagogas…”
No todos los seres humanos tendrán ese momento, el encuentro con Dios. Ese en el que nuestros ojos son abiertos y comprendemos la magnificencia de Dios, su fuerza, su hermosura y su amor; ese, en el que el amor llega a nosotros como un gran golpe en el estómago y no podemos respirar, o quedamos tan impactados que no parpadeamos, sino que entendemos que queremos pasar el resto de nuestra vida buscando aprender más y más de Dios, para conocerlo más y enamorarnos más, y más, y más, y compartir con los demás tu experiencia de manera que ellos también puedan tener la propia.
Este es en el encuentro. ¿Lo has tenido? Saulo lo tuvo, yo lo tuve, y tú también puedes tenerlo…

Que Dios te bendiga